Manos que aprenden del error: Las manualidades como fuente de aprendizaje
“La ventana de tolerancia es la zona donde ocurre el verdadero aprendizaje: ni en el confort, ni en la crisis” Daniel J. Siegel
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Introducción: La era del clic
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Del pensamiento mágico al pensamiento lógico
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El desarrollo de la corteza prefrontal
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El estado de “Flow” y la regulación del sistema nervioso
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La externalización de la emoción
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Acompañar y no corregir.
- La era del clic
Vivimos una época marcada por la inmediatez. En las pantallas que rodean a los niñ@os y adolescentes, todo parece suceder al primer intento, sin esperas y con acabados perfectos. Sin embargo, cuando esa mente apaga la pantalla y se enfrenta a la realidad, el choque suele ser importante. Delante de un papel que se rasga al borrarlo o de un trazo imperfecto pueden surgir llantos, gritos o exclamaciones “no sirvo para esto”.
¿Qué es lo que ocurre en la mente del niñ@ o del adolescente? Desde la psicología evolutiva, la respuesta es sencilla: estamos presenciando el choque entre la expectativa interna (ese mapa mental idílico, rígido y perfecto de lo que queremos lograr) y la realidad externa (la resistencia física de un material, los límites de nuestras habilidades en desarrollo,…). Cuando la distancia entre lo que el cerebro imagina y lo que las manos logran es demasiado grande, aparece la frustración.
El neuropsiquiatra Dr Daniel Siegel, uno de los mayores expertos actuales en el cerebro infantil y adolescente, explica que para que l@s chic@s aprendan a regular sus emociones, necesitan ampliar, lo él llama, “su ventana de tolerancia”. Las manualidades se convierten en ese sentido en una buena herramienta para trabajar esa desregulación. La arcilla, el hilo, el pegamento o la madera no juzgan, no ponen notas. Simplemente reaccionan a nuestras acciones desde el campo de la física. Aprender a que el pegamento tarde en secar, o una estructura se caiga es el mejor laboratorio para entrenar las diversas situaciones que la vida pondrá delante de nuestros niñ@s y adolescentes.
- Del pensamiento mágico al pensamiento lógico
En la psicología evolutiva los niños transitan desde el pensamiento mágico (hasta la edad de 6 años) al pensamiento lógico (a partir de los 7años). En la primera etapa el niñ@ explica el mundo a través de la fantasía. Cree que los objetos inanimados tienen vida. Si construye una marioneta para él cobra vida propia. Es a partir de los siete años que comienza a aplicar el razonamiento causa-efecto. Procura que la marioneta tenga sus ojos simétricos y los pega a distancia uno de otro, o mira cómo colocar la mano para que se mueva mejor. Conociendo su momento evolutivo podemos acompañarlos para que gestionen mejor sus expectativas y los errores.
- El desarrollo de la corteza prefrontal
La corteza prefrontal es una estructura fundamental para la autorregulación y el desarrollo de las funciones ejecutivas. No es hasta prácticamente los 20 años que se desarrolla plenamente. Esto implica que algunas reacciones necesitan de un entrenamiento específico delante de un entorno donde el “clic” y la recompensa inmediata todo lo soluciona. Las manualidades nos proporcionan herramientas variadas adaptadas por etapas donde entrenar estas funciones cerebrales. Modelar por ejemplo exige fuerza física (se descarga tensión) pero también un tiempo de espera para que se seque y poder pintar. Esta secuenciación implica esperar o aplazar la gratificación, algo fundamental para prevenir conductas de riesgo en la adolescencia.
- El estado de Flow y la regulación del estado nervioso
El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi definió el “estado de flujo” como ese momento de absorción profunda donde el desafío de la actividad se equilibra con nuestras habilidades, haciendo que el tiempo desaparezca. A nivel neurológico, esto reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y activa el sistema parasimpático.
Rebajar el estado de alerta y fluir con una actividad es la mejor medicina para nuestro sistema nervioso. Hacer macramé, hilar o montar un diario visual (Art Journaling) actúan como un mantra físico. Acciones que se repiten rítmicamente y permiten drenar las emociones sin necesidad de verbalizarlas. Esos son gratificantes para el sistema nervioso, pero también para el desarrollo de la confianza y el bienestar emocional.
- La externalización de la emoción
El arte manual en todas sus formas, (dibujo, simbolismo, escultura, manualidad artística,…) permite a los niñ@s y adolescentes proyectar, es decir sacar de dentro de la mente y ponerlo fuera, como un objeto físico manejable. Esto posibilita la expresión a través de otro canal, que no es lingüístico, de aquello que nos preocupa o bloquea. El objeto creado da distancia terapéutica: ya no soy yo quién está roto o enfadado, es la pieza de arte.
Es fundamental que sepamos acompañar en esos procesos desde el respeto y la distancia. Preguntar a posteriori cómo se sienten después de haber sacado sus emociones es una manera de acercarnos a la gestión de sus emociones respetuosa y adaptativa.
Todos estos procesos que tienen lugar de manera automática en la mente de nuestros niñ@s y adolescentes, son necesarios para un buen equilibrio en su crecimiento. Proporcionar momentos de calidad, de aprendizaje y de estimulación de sus funciones cognitivas, es muy importante para su mundo relacional, académico y sobre todo para el fortalecimiento de su imagen personal y su autoestima.
- Acompañar y no corregir.
Saber acompañar y no corregir tanto al niñ@ como al adolescente para ayudarle a gestionar el error y la frustración a través de las manualidades, es un ejercicio necesario y funcional para su desarrollo. A continuación, se presentan cuatro recomendaciones finales para ayudar en este proceso.
- Normalizar el fallo: El error como aprendizaje. “La pintura se ha corrido porque el papel estaba muy mojado, así que aprendemos a descubrir el agua que necesita…”
- Evitar la corrección directa. Invitar al niñ@ a través de las preguntas que activen su pensamiento lógico. “¿Qué pieza crees que va después de la azul si miramos el patrón original?
- Valorar el proceso sobre el resultado. Elogiar la persistencia, la planificación y la técnica empleada en lugar de cualificar si ha quedado bonito o perfecto “Veo que has esperado el momento adecuado para mover la pieza sin que se desenganche…”
- Acompañar en la gestión de la emoción. Nombrando la emoción y buscando la manera de expresarla de forma adecuada. “Sé que es frustrante que se caiga la torre después de haber trabajado tanto,…” “Quizás estaría bien tomar una pausa e intentarlo más tarde de manera más tranquila…”
Como comenta Siegel en sus libros: “Primero c
onecta, luego redirige.”