“Sentir es un ejercicio de conexión con nosotros y con el mundo que nos rodea”
- HABLANDO DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
- EL PASO POR LAS DIFERENTES ETAPAS: 0-3 AÑOS, 3-6 AÑOS, 6-12 AÑOS
- ACTIVIDADES RELACIONADAS CON EL TRABAJO MANUAL Y EMOCIONES
- LA MIRADA DEL ADULTO.
- HABLANDO DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
La inteligencia emocional se define, según Daniel Goleman, como “la capacidad de reconocer nuestras emociones y las de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. Desde los años 90 del siglo pasado, cuando este autor norteamericano publica su libro “Inteligencia Emocional”, ha surgido un interés para conocer cómo las emociones determinan nuestra vida, nuestros pensamientos y nuestra capacidad para desarrollar empatía y relacionarnos. Desde entonces se ha profundizado y hablado mucho sobre cómo potenciar la inteligencia emocional en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad desde las escuelas, las empresas, instituciones diversas, y por supuesto, también en la educación de los niños y de las niñas. A partir de ahí se abre una perspectiva para darnos la oportunidad de incluir en nuestro lenguaje y en nuestro conocimiento del mundo que nos rodea, el aprendizaje emocional.
El trabajo con el mundo emocional potencia nuestro autoconocimiento, la regulación de nuestros impulsos, así como nuestra capacidad para motivarnos, empatizar con otros y desarrollar nuestras habilidades sociales. Todas estas competencias son determinantes para una vida más consciente y adaptativa.
Sentir implica reconocer, nombrar, comprender y actuar en consecuencia.
- EL PASO POR LAS DIFERENTES ETAPAS: 0-3 AÑOS, 3-6 AÑOS, 6-12 AÑOS
Las emociones también evolucionan en las diferentes etapas de nuestro desarrollo. A medida que crecemos somos más capaces de diversificar nuestro vocabulario y también nuestra capacidad para manejar nuestro mundo emocional.
Veamos pues brevemente las diferentes etapas por las que pasan los niñ@s hasta su preadolescencia.
0-3 años: La etapa sensorial. El despertar de las sensaciones
El niñ@ aprende a identificar sus sensaciones físicas y las emociones básicas (miedo, alegría, tristeza, rabia). En esta etapa es importante todo lo físico y sensorial. Se inician los primeros etiquetados y relaciones entro lo sentido y lo nombrado. Los niños relacionan las pérdidas con la tristeza o los obstáculos o frustraciones con la rabia.
3-6 años: La etapa simbólica. Poner nombre a lo invisible.
Es aquí cuando el lenguaje, ya en fase de desarrollo importante en el niñ@, empieza a ser un buen instrumento para nombrar aquello que se siente. Dar nombre a lo que se siente permite al niñ@ ordenar sus emociones y comprender aquello que le sucede.
Este trabajo con uno mismo le permite al niñ@ desarrollar el inicio de la empatía y el vínculo con los demás.
6-12 años: La etapa social y reflexiva.
En esta etapa la importancia del grupo y las actividades grupales son fundamentales para la sensación de pertenencia e inclusión social. Es en esta etapa dónde la regulación emocional, la tolerancia a la frustración y la capacidad de resolución de conflictos ayuda a construir un buen concepto de sí mismo. Es en esta fase cuando es tan importante esos aprendizajes emocionales que ayudan a entender el mundo que les rodea y también a potenciar su autoconocimiento. Los niñ@s ya son capaces de entender, hablar sobre lo que sienten y entender las emociones de los otros.
- ACTIVIDADES RELACIONADAS CON EL TRABAJO MANUAL Y EMOCIONES
El trabajo manual es el primero y más básico ejercicio sensorial que poseemos. Los niñ@s usan sus manos como un medio para conocer el mundo externo y también para hacer de puente entre su realidad interior y la realidad exterior. Son uno de los canales por el que expresamos y hablamos. Es des de ese lugar donde podemos entenderles y llegar a su mundo interior de una forma respetuosa y lúdica.
Actividades y materiales
De 0 a 3 años. Crear con las manos como una forma de fortalecer el vínculo y la autorregulación emocional.
Materiales: Pintura de dedos, algodón, masas de sal, lija, papel, cartulinas, plastilina, lana.
Actividades:
El termómetro de las emociones; el algodón suave como la calma y la lija áspera como el enfado.
El cesto de los tesoros; llenar un cesto con texturas diferentes y asociarlas a sensaciones de bienestar.
Masajes que estimulan el contacto y las sensaciones corporales.
De 3-6 años. La emoción se puede representar y la podemos observar y gestionar.
Materiales: colores, símbolos, dibujos, papel, rotuladores, pegamentos, pinturas, palos de madera, cartón.
Actividades:
El bote de la calma; bote o botella de plástico para rellenar con agua, purpurina, objetos pequeños. El niñ@ agita el bote y observa como cae la purpurina se calman sus pensamientos.
Máscaras de las emociones; Usar platos de papel y pintar diferentes emociones, usar palo de madera para jugar a identificar emociones o situaciones de cuentos.
Collage mi lugar seguro; revistas viejas, tijeras de punta redonda. Pegar en una cartulina comidas, paisajes, juguetes que les hagan sentir bien y les conecten con la seguridad y la confianza.
6-12 años. Aprender a trabajar la frustración, la paciencia y exteriorizar los conflictos internos.
Materiales: libreta, rotuladores, cintas, revistas, botes de plástico, bolígrafos, arcilla, piedras, palos de madera, pinzas de madera, hilos, telas diversas, cintas.
Actividades:
El diario de las emociones; Usar los colores para identificar la emoción y expresar lo que le ha sucedido. Decorar con símbolos ayuda a la significación de lo sucedido y a la autorregulación emocional.
El bote de los logros; Escribir en un papel cada vez que supere un reto o aprende algo y cada mes puede vaciarlo y leer sus logros. Le ayuda a ganar confianza y sensación de aumento de capacidad.
Esculturas o maquetas con plastilina, arcilla, madera para modelar sus sensaciones y expresar sus emociones.
- LA MIRADA DEL ADULTO
Las actividades manuales nos devuelven el espacio de conexión con lo que hacemos de una forma consciente pero también nos ofrecen la oportunidad de acompañarnos unos a otros en el proceso. El adulto está presente en una interacción, sin pantallas que distraigan, y al mismo tiempo pudiendo ejercer una escucha activa delante de un momento en el que los nin@s pueden expresar libremente sus emociones. No es el momento de corregirlos sino de acompañarlos y estar atentos a sus creaciones reforzando su seguridad y su autoconcepto.
Potenciemos que los niñ@s desarrollen un corazón bien moldeado con sus manos.
